RR.PP. o cuando los que están adentro quieren salir y los que están afuera quieren entrar

De unos años a esta parte ha surgido una corriente dentro del ámbito de las relaciones públicas que propone –o al menos plantea esa posibilidad- cambiar el nombre a la profesión. Los fundamentos son varios, casi tantos como las motivaciones que pueden adivinarse tras estas iniciativas.

Los argumentos más frecuentes se relacionan con el desprestigio de la actividad, el mal uso del nombre, la falta de consenso acerca de lo que las relaciones públicas realmente son y, sobre todo, la supuesta necesidad de tener que explicarle a futuros clientes o potenciales empleadores de qué se trata lo que hacemos los relacionistas.

Así las cosas, mientras esperan una “solución” a esta “controversia”, muchas organizaciones y personas utilizan una serie de eufemismos para referirse al quehacer propio de las relaciones públicas. A eso se debe, probablemente, que encontremos áreas de organizaciones o consultoras que denominan a su actividad como “asuntos públicos”, “dirección de comunicaciones”, “relaciones institucionales”. “relaciones con la comunidad”, “relaciones con la prensa”, etc.

Las motivaciones, en este aspecto e independientemente de esta “vergüenza” de confesarse “relacionista público”, pueden atribuirse a la existencia de licenciaturas universitarias y tecnicaturas, título que no poseen todos los que las ejercen profesionalmente y por ende, es natural que prefieran el uso de otras denominaciones.

Muchos graduados universitarios proponen, por otro lado, la regulación de la profesión por parte del estado, inhabilitando a quienes carecen de títulos reconocidos al uso de la expresión “relaciones públicas” y sus derivaciones. El supuesto subyacente es que si se protege el nombre legalmente, aquellos no informados modificarán sus hábitos y se evitará todo tipo de confusión. En mi opinión, este sería uno de los “logros” más dañinos para la profesión si realmente se alcanzara, entre otras cosas por que reglamentaría el ejercicio de una profesión humanística y liberal por antonomasia.

Existe, además, un grupo importante de organizadores de eventos, agentes de prensa, “influyentes” y “famosos” de ambos sexos y -en un estamento inferior de esa escala-, promotores (tarjeteros) de boliches, vendedoras de espacios en cementerios privados, a los que se suma una gran variedad de personas que ejercen múltiples actividades, incluyendo varias emparentadas con alguna forma de prostitución o proxenetismo. Todos ellos se autodenominan “relacionistas públicos” y por supuesto, carecen en casi todos los casos, de títulos o capacitación en el rubro.

En síntesis, con las Relaciones Públicas se da la paradoja que lleva a que quienes parecieran tener el derecho legítimo de llamarse relacionistas públicos quieren cambiar esa denominación y quienes no lo son, se autotitulan relacionistas públicos.

Dicho de otro modo, quienes están afuera quieren entrar y quienes están adentro quieren salir.

Comentarios

Equilibrio objetivo entre estrategia y táctica

Más allá de reglamentar el uso del nombre, asunto que termina siendo accesorio, considero que la clave de la mayor profesionalización y reconocimiento social del rol está en nuestras propias manos. En la medida en que logremos hacer evidente y medible el valor agregado que generamos a las organizaciones y que nuestros programas y acciones sean evaluados por su contribución sostenida a las empresas, se posicionará la idea de la complejidad de nuestra función. Debemos manejar indicadores como lo hacen los procesos core, debemos incorporar análisis duros que nos permitan incrementar el orgullo por nuestro trabajo. Si logramos vincular objetivamente el concepto de relaciones públicas con la estrategia y no sólo con la táctica y la operatividad, empezaremos a construir filtros efectivos para el adecuado uso del nombre.

Equilibrio

Coincido plenamente con Piedad Monsalve. Creo que la cuestión está en justamente HACER RELACIONES PÚBLICAS para dejar en claro cuál es nuestro Rol, qué hacemos en las organizaciones para que no se preste a confusión el hecho de SER UN RRPP, entindiendo relaciones con la prensa, comunicación institucional, manejo de imagen, etc, etc... y hacer de rrpp: promocionar un boliche, vender algo, charlar con la gente.
Es nuestra responsabilidad generar la imagen que corresponde de nuestra profesión. Tomemosla como una marca, y vendamosla como corresponde con todo el trabajo que ello implica.
Saludos,
Natalia